jueves, marzo 26, 2020

Abrí un libro...


Abrí un libro y de una zancada me metí en él.

Ahora nadie puede encontrarme.

Dejé mi silla, mi casa, mi calle,

mi ciudad y mi mundo

tras de mí.

Llevo la capa, me he puesto el anillo,

he tomado la poción mágica.

He luchado con un dragón, cenado con un rey,

y nadado en un océano sin fondo.

Abrí un libro e hice algunos amigos.

Compartí sus lágrimas y su risa

y seguí sus caminos con sus baches y curvas

hasta que vivieron felices para siempre

Terminé el libro y salí de él.

La capa ya no puede esconderme.

Mi silla y mi casa son exactamente las mismas,

pero yo tengo un libro dentro de mí.



Texto: Julia Donaldson







jueves, marzo 19, 2020

En tiempo de Coronavirus...


Bellísima reflexión de la psicóloga F. Morelli, que circula entre nuestros queridos vecinos italianos:

“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con  fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin  descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico? 

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos. 

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a caro precio.
 
 
 
 

domingo, enero 12, 2020

Como ser perfecto...


Duerme.
No des consejos.
Cuida tus dientes y encías.
No tengas miedo a nada que esté fuera de tu control. No tengas miedo, por
ejemplo, de que el edificio se caiga mientras duermes, o de que alguien a quien
amas muera súbitamente.
Come una naranja todas las mañanas.
Sé amable. Te hará feliz.
Eleva tus latidos a 120 pulsaciones por minuto durante 20 minutos
cuatro o cinco veces por semana haciendo cualquier cosa que te guste.
Desea todo. No esperes nada.
En primer lugar, cuida las cosas que están cerca de tu casa. Ordena tu cuarto
antes de salvar al mundo. Luego salva al mundo.
Ten en cuenta que el deseo de ser perfecto es quizás la expresión encubierta
de otro deseo –ser amado, tal vez, o no morir.
Haz contacto visual con un árbol.
Sé escéptico a toda opinión, pero trata de encontrar algún valor en cada
una de ellas.
Viste del modo que te guste tanto a ti como a quienes te rodean.
No hables rápido.
Aprende algo cada día. (Dzien dobre!)
Sé amable con las personas antes de que tengan la ocasión de portarse mal.
No te enojes por más de una semana, pero no olvides aquello que te hizo enojar. Mantén tu ira al alcance de la mano y obsérvala, como si fuera una bola de cristal. Luego agrégala a tu colección de bolas de cristal.
Sé fiel.
Usa zapatos cómodos.
Planifica tus actividades para que reflejen un equilibrio grato
y variedad.
Sé amable con los mayores, incluso aunque sean odiosos. Cuando llegues a
viejo, sé amable con los jóvenes. No les tires tu bastón cuando te llamen abuelo. ¡Son tus nietos!
Vive con un animal.
No pases demasiado tiempo con grandes grupos de personas.
Si necesitas ayuda, pídela.
Cultiva una buena postura hasta que se vuelva natural.
Si alguien asesina a tu hijo, consigue un arma y vuélale la cabeza.
Planifica tu día para que nunca debas correr.
Muestra tu aprecio a las personas que hacen algo por ti, incluso aunque les
hayas pagado, incluso aunque te hagan favores que no pediste.
No malgastes el dinero que podrías dar a aquellos que lo necesitan.
Espera que la sociedad sea defectuosa. Luego llora cuando te des cuenta de que es mucho más defectuosa de lo que creías.
Cuando pidas algo prestado, devuélvelo en mejores condiciones.
Utiliza objetos de madera en lugar de objetos plásticos o metal, tanto como sea posible.
Mira el pájaro que está allí.
Luego de la cena, lava los platos.
Cálmate.
Visita países extranjeros, excepto aquellos cuyos habitantes hayan
expresado su deseo de matarte.
No esperes que tus hijos te amen, pueden, si quieren.
Medita acerca de lo espiritual. Luego ve un poco más allá, si tienes ganas.
¿Qué hay allá afuera?
Canta, cada tanto.
Sé puntual, pero si llegas tarde no des una larga y detallada
excusa.
No seas demasiado auto-crítico ni  demasiado auto-complaciente.
No pienses que el progreso existe. No es así.
Sube las escaleras.
Imagina qué querrías que ocurra, y luego no hagas
nada que lo convierta en algo  imposible.
Desconecta tu teléfono al menos dos veces por semana.
Mantén limpias tus ventanas.
Extirpa cualquier indicio de ambición personal.
No uses la palabra extirpar muy a menudo.
Perdona a tu país de vez en cuando. Si eso no fuera posible, vete
a otro país.
Si estás cansado, descansa.
Siembra algo.
No deambules por las estaciones de trenes murmurando: “¡Todos vamos a
morir!”
Cuenta entre tus verdaderos amigos a gente de diferentes momentos de tu vida.
Disfruta de los pequeños placeres, como el placer de masticar, el placer del agua caliente corriendo por tu espalda, el placer de una brisa fresca, el placer de quedarse dormido.
No exclames: “¡No es maravillosa la tecnología!”.
Aprende a estirar tus músculos. Estíralos todos los días.
No te deprimas por envejecer. Te hará sentir más viejo.  Lo cual es deprimente.
Haz una cosa a la vez.
Si te quemas un dedo, ponlo en agua fría de inmediato. Si te martillas
el dedo, sostén tu mano en el aire durante veinte minutos.
Los poderes curativos del frío y de la gravedad te sorprenderán.
Aprende a silbar a un volumen ensordecedor.
Mantén la calma en una crisis. Cuanto más crítica la situación, más tranquilo debes permanecer.
Disfruta del sexo, pero no te obsesiones con él. Con excepción de breves períodos durante tu adolescencia, juventud, mediana edad y vejez.
Contempla todo opuesto.
Si te asalta el temor de que has nadado muy mar adentro, da la vuelta y regresa al bote salvavidas.
Mantén tu niño vivo.
Responde tus cartas sin demora. Utiliza estampillas atrayentes, como la que tienen un tornado.
Llora de vez en cuando, pero nada más cuando estés solo. Luego agradece
cuánto mejor te sientes. No te avergüences por sentirte mejor.
No aspires humo.
Respira hondo.
No seas impertinente con la policía.
No te bajes de la acera hasta que hayas recorrido toda la calle. Desde la acera puedes estudiar a los peatones que están atrapados en el medio del enloquecido y ruidoso tráfico.   
Sé bueno.
Recorre diferentes calles.
Hacia atrás.
Recuerda la belleza, que existe, y la verdad, que no. Mira que la
idea de verdad es tan poderosa como la idea de belleza.
Permanece fuera de la cárcel.
En la madurez, conviértete en místico.
Usa la nueva fórmula con control del sarro del dentífrico Colgate.
Visita a amigos y conocidos en el hospital. Cuando sientas que es
tiempo de retirarte, hazlo.
Sé honesto contigo, diplomático con los demás.
No te vuelvas loco. Es una pérdida de tiempo.
Lee y relee grandes libros.
Cava un pozo con una pala.
En invierno, antes de ir a dormir, humidifica el cuarto.
Comprende que las únicas cosas perfectas son una puntuación de 300 en un partido de bowling y un partido de béisbol con 27 bateos, 27 outs.
Bebe mucha agua. Cuando te pregunten qué quieres beber,
di: “Agua, por favor”.
Pregunta: “¿Dónde está el baño?”, pero no: “¿Dónde puedo orinar?”
Sé amable con los objetos.
Comenzando a partir de los cuarenta, realiza un chequeo médico cada tanto
con un médico de confianza que te haga sentir a gusto.
No leas el periódico más de una vez al año.
Aprende a decir “hola”, “gracias”, y “palitos chinos” en mandarín.
Eructa y tírate pedos, pero en silencio.
Sé especialmente amable con los extranjeros.
Ve teatro de sombras e imagina que eres uno de los
personajes. O todos ellos.
Saca la basura.
Ama la vida.
Da el cambio exacto.




Texto: Ron Padgett



jueves, diciembre 12, 2019

Mil y una veces...


Yo no era Sheherazade,
no había ningún rey
que escuchara mis relatos,
ningún prícipe que me concediera
un día más de vida.
Yo me contaba las historias a mi misma
y hasta me inventé poemas.
Viajé a mí infancia,
escribí relatos
algunos acabados
y otros por imaginar.
Recordándolos en silencio
me mantuve viva.
Ah, soy Sheherazade, 
pero también el propio rey.
He de escuchar descripciones
sobre mí misma una y otra vez, 
para mantenerme viva.
Mil y una veces.




Texto: Fathieh Saudi





jueves, noviembre 28, 2019

Una historia...


Soy la huella de la ocultación,
el narrador de la ausencia, 
mi tierra es una historia,
y mi camisa es de lunas.





Texto: Ali Al Ameri






jueves, noviembre 21, 2019

Conmoción...


Un niño rompe un juguete al día para divertirse.

Está aprendiendo que forma tienen los objetos.

Un hombre rompe los huesos de su amante
muchas veces al día,
le gusta ver su alma maltratada.

No sé le ocurre que
el cuerpo de una mujer
no es el juguete de un niño.





Texto: Fathieh Saudi







jueves, noviembre 07, 2019

sábado, octubre 26, 2019

Palabras prestadas de Dulce María Loynaz...


Si me quieres,
quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
si me quieres,
quiéreme negra y blanca.
Y gris, 
y verde 
y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quiéres, 
no me recortes:
¡Quiéreme toda...
o no me quieras!






jueves, septiembre 12, 2019

Malaherba...


Miré a Claudia Romero Vizcasilla intentando saber si era subnormal, a veces me pasa que no los distingo y eso termina creando muchos problemas. El curso anterior llegaron dos hermanos nuevos a nuestra clase y la pofesora Marina nos dijo que uno de ellos era un poco especial porque tenía síndrome de Down. Al acabar la clase le pregunté a la profesora que era el síndrome de Down y me enseñó unas fotos, porque la profesora Marina nos trataba como a monos, enseñándonos imágenes todo el rato, y a mí se me parecía más el que no lo era, Raúl, que el que si, Antonio. Así que me pasé todo el curso explicándole a Raúl como se abrían y cerraban las persianas y contándole como se jugaba a polis y cacos. Él me escuchaba con mucha atención y me hacía siempre caso y luego me pasaba la mano por el pelo como también hacía con su hermano. Raúl Fernandez Calige y Antonio Fernández Calige sólo estuvieron un año con nosotros, porque su padre era militar y lo destinaron a otra parte. Pero en ese curso Raúl y yo fuímos inseparables de la manera en que sólo pueden serlo dos personas que creen que el listo es él.




Texto: Manuel Jabois









jueves, septiembre 05, 2019

Imitación...


Haz caso a los girasoles e imita su naturaleza vital, esa que les obliga a buscar siempre la luz del sol para nutrirse, para crecer en belleza y fortaleza. No obstante, recuerda también que tu auténtica luz no se halla en una estrella sobre la que todos damos vueltas. Tu auténtico sol está en tu interior, así que búscalo, atiéndelo y sigue su instinto.
Foto: Nomared



jueves, agosto 29, 2019

Ugur Gallenkus...



Los impactantes montajes fotográficos del turco Ugur Gallenkus son una bofetada de realidad que agita nuestra conciencia, unas demoledoras imagenes que nos pone en nuestro sitio y nos hace ver y valorar la importancia de lo que en realidad importa.

















jueves, agosto 15, 2019

Se besaron...


 Se besaron y los dos se sintieron más de sí mismos que del otro.
 Eso era amor.




Texto:Benjamín Griss 






jueves, agosto 01, 2019

Inspirado por Looking HBO...


¿Necesitas aclararte? Hazlo...pero, déjame estar a tu lado. Permíteme habitar tu espacio, hazme un hueco sólo para que entiendas que no estás sólo en tu mar de dudas. Y que sepas, por si en algún momento las olas son altas, que siempre podrás encontrar mi mano. No olvides que la escuela de la vida me dio un curso extra de socorrista de almas. No voy a agobiar, ni presionar, sólo aspiro a sentarme a tu lado mientras te aclaras con lo que te tengas que aclarar, y yo, te prestaré mi hombro cuando tu cabeza quiera explotar de tanta presión. Tu burbuja es tuya pero, cédeme un huequito por si en algún momento te falta el aire y juntos quizás podamos soplar para elevarla.





Texto: Bohemia







domingo, julio 21, 2019

La posesión...



Suena Tightrope en mi lista de reproducción, su energético tema "Walk the Moon", y de repente me pregunto: ¿Por qué ya no bailo? ¿En que momento dejé de lado las coreografías espontáneas? ¿Donde están mis florituras de brazos, mis pasitos quema pistas de los 90s? El salón está en penumbra, alumbrado sólo con la luz del exterior, las ventanas están abiertas y la brisa nocturna de Julio se cuela, mientras un preludio de bochorno ahoga el cielo. Saco morritos y empiezo a mover el cuello cual gallina picoteando el grano, mientras paseo por la habitación. Poco a poco el ritmillo me va invadiendo y mis hombros se van animando y suben y bajan (algunas veces mis cejas también). Las caderas se van aflojando y deciden unirse a la fiesta timidamente, columpiándose de derecha a izquierda. Pero, es al llegar el estribillo cuando pierdo el control y comienzo a saltar cual cabra loca como si no hubiera un mañana y a mover  la cabeza de acá para allá mientras mi melena oscura me convierte por un rato en Medusa. Ya no hay remedio...¡estoy poseida! Lo doy todo...Oh...Oh...Oh...vamonos que nos vamos...3:29  de puro frenesí domestico discotequero improvisado, porque, mi cuerpo baila en casa pero mi mente me lleva a un local de San Francisco con bolas que giran en el techo y luces azules de neón. La posesión concluye con el último acordé...y regreso. Voy a la nevera a por una Desperado mientras me pregunto...¿Por qué ya no bailo?