Vacaciones...
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Aquel hombre dejó la modestia en su casa y salió a la calle a adorarse en los escaparates, a encontrarse multiplicado en belleza en las gafas de sol de las mujeres con las que se cruzaba, examinándose con deleite en las cucharillas del café, sintiéndose un adonis en el reflejo que le devolvía su sombra. Cuando tropezó con Ella sus ojos no se cruzaron y herido en su amor propio hizo gestos y posturas para cautivarla, pero no pudo conseguirlo porque ella sólo encontraba belleza en lo más sencillo, por ejemplo, en el gesto dulce y humilde del ascensorista que, sin pretenderlo, con su mirada limpia y su amable forma de darle los buenos días le daba alas a su corazón.
He encendido la radio y suena Silvio Rodríguez, ha venido para darme calor porque sabe que desde que no estás sufro frío crónico. Mientras yo tirito él me habla de su casa tomada por las flores y del equitativo reparto de sus canciones. Una es para mí… ¡me la pido! Mis tripas me piden comida, rugen, están hambrientas, pero como yo he perdido el apetito no abro el pico más de lo estríctamente necesario y ellas protestan y gruñen y se mueven a todo lo largo y ancho de mi ser y yo las ignoro porque el apetito no viene, así como tampoco vienes tú. Esta noche mis tripas duermen o igual han muerto de inanición, mientras yo, alargo mis días despojándome de mis kilos. Imagino que mi interior ha de ser como una gran alacena vacía, con telarañas en los rincones y una ristra de tripas secas, como una olvidada piel de serpiente…