sábado, diciembre 30, 2006
martes, diciembre 26, 2006
De su libro "Canciones bajo el muérdago"

En mi ropa en la manta en el sofá hay pelos
tuyos que se enredan sigilosos
atándome los pies, desatando los recuerdos
Los rastreo y recojo
y los he ido anudando
uno por uno, para hacerte un collar
que me sirva, de paso, como soga
Lo ataré de noche a la bombilla del salón
subiré a una silla,
y después de meterme la cabeza, y proferir
las palabras de sobra conocidas
daré una leve patada, y veré entonces
si son débiles los lazos de nuestro amor
.
Niall Binns
viernes, diciembre 22, 2006
lunes, diciembre 18, 2006
jueves, diciembre 14, 2006
Imaginando...
Me gusta imaginarte así, frente a tu computadora, descalza, con el largo cabello jugando con el aire que entra por la ventana y disfrutando de las baldosas frescas, con un pantalón blanco y una blusita ligera, con tu encantadora sonrisa y tus dedos ágiles. La luz que entra por la ventana es diáfana y calurosa, se escucha a lo lejos una canción de Compay Segundo, el artista cubano. Luego das un trago a un vaso con agua helada que tienes cerca, y piensas que sería mejor si fuese una cerveza... Sigues escribiendo y desvías la mirada mientras entra un gato sin haber sido invitado. Te ronronea y se acaricia con tu pierna, repega su suave cuerpo peludo y te mira con unos ojos en los que adivinas la verdad: es un príncipe encantado que quiere un beso de su doncella para liberarse del hechizo en que lo metió una joven bruja por haber mal invertido en la bolsa de valores varios miles de euros. Te mira con sus bellos ojos verdes y piensa "¡qué bellos ojos verdes tiene esta niña!". Entonces tú, con apenas un parpadeo, le haces ver que llegó tarde, que ya encontraste un príncipe y no tienes ánimo de andar besando gatos encantados. Entonces él decide marcharse y volver por la tarde, a ver si por lo menos le regalas un platón con leche. Luego piensas en las playas, en las gaviotas planeando en el límpido cielo que no mancha ni el asomo de una nube. Recuerdas la canción de Silvio Rodríguez "gaviota gaviota, blancura de lirio, cadencia insaciable, vals del equilibrio..." y piensas que te gustaría ser una gaviota para irte un día a recorrer la costa hasta Ibiza, volando bajito para escuchar el rumor de las olas e hipnotizarse con el vaivén de la marea. Dime ¿no es acaso la felicidad un estado de momentánea ignorancia de las cosas que nos ponen tristes? Luego, poco a poco, abres los ojos y está frente a tí la pantalla de tu computadora. "Ya volví", piensas. Porque sabes que no estabas, que de verdad fuiste una gaviota y te alejaste un rato de tu cuerpo, de tu casa, de tu conciencia terrenal y sabiamente en lugar de buscar explicaciones prefieres disfrutar las sensaciones. Acomodas un poco el cabello porque lo tiene todo revuelto. Es que lo despeinó la brisa en el vuelo..
Texto: Erick Muñiz
martes, diciembre 12, 2006
Final para un cuento fantástico...

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Nos han encerrado a los dos!
-A los dos no... A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.
Texto: I.A. Ireland
Imagen:Dave Mckean
sábado, diciembre 09, 2006
martes, diciembre 05, 2006
Vestidos nuevos...
Creo a veces que las plantas son como las mujeres: les gusta cambiar de traje. Por eso en Otoño arrojan al suelo todas sus hojas amarillas y en Primavera se cubren de brotes brillantes. ¡Es que, de veras, es tan lindo ponerse un vestido nuevo! Y las acacias se adornan de moños blancos, los aromas de lunares de oro, los plátanos de borlitas verdes y los miosotis, como "Piel de Asno", le piden a l hada de las flores un vestido hecho de cielo. ¡Hasta los cardos, tan ásperos, sienten despertar su coqueteria y se prenden entre las duras greñas un penacho azul! ¡Me río yo de los botánicos que quieren explicar gravemente los fenómenos de la florescencia y de la vegetación! ¡Si al brotar y al florecer las plantas no obedecen a otro impulso más que al deseo de ponerse un bonito vestido nuevo! Por eso, también, crecen con preferencia en torno de las acequias, de los estanques, de los arroyuelos: para tener un espejo en que mirarse..
Texto:Juana de Ibarbourou























